Jorge Cáceres Poeta Chileno

viernes, 22 de julio de 2011

Alvaro Ruíz, Chile (1953)



LA VIRGEN DE LOS TAJOS



Esta es la virgen de los tajos,
la insurrecta, la madre de los suicidas.
Está llena de dolor por ellos,
los poetas,
que ahítos, no soportaron el peso de los fardos,
la mediocridad del hombre insensato,
de aquellos infames que confundieron el presente con la eternidad,
ignorantes de que los muertos
son dos veces diez más
que los que aún poseen
el milagro de la vida.

Yo soy la virgen de los tajos,
tengo 25.920 años,
he dado una vuelta feroz y larga,
pasando y pasando a través de continuos equinoccios y solsticios.
Soy la línea imaginaria entre los puntos opuestos,
una señal oculta entre los arbustos
bajo un cielo sin estrellas encendidas.

Yo soy la virgen,
yo soy la virgen de los tajos,
la librepensadora,
la inmisericorde,
la prisionera,
la revolucionaria, la señalada y la absuelta,
la peor,
la peor de todas.

Bajo la órbita de un astro perdido
cuya sombra rebasa mis sombras
y tal como el silencio silencia,
en mí un agujero traspasa el universo.
Por él observarás el pánico celeste,
un desorden perfecto en extremo preciso.
Nunca me interesó la felicidad,
siempre algo de necedad encontré en ella.

Yo soy la virgen,
yo soy la virgen de los tajos,
a ellos rijo desde lo alto
de la única colina del valle,
donde los pastos crecen
irrigados por aguas cristalinas
y el sonido de ellas
los adormece en mi regazo.
Aún leemos a los poetas primeros
de todos los tiempos.
No doy nombres porque la poesía
es una y es sola,
un libro incompleto escrito sin vanidad.
Los ruiseñores se posan en mis brazos extendidos,
que es amor
a todos estos miserables suicidas.
En mí refulgen los siete estados de conciencia
y mi corona es una aureola violácea.

Yo soy la virgen de los tajos,
la virgen de los negros,
de cristianos y musulmanes,
de judíos y araucanos.
Yo soy la virgen de todos
aquellos que sanan su espíritu en este tránsito breve.
La perfecta y trastornada por amor a los poetas.
Yo no rezo,le hablo a la creación,
que es mi padre
y le pido a su infinitud
una nueva rueda de madera
para que gire y como el dínamo
haga más potente la luz.

Esta es la virgen de los tajos,
la protectora de desastres,
la inmaculada,
yo recibo a los difuntos poetas
cuando llegan a este nuevo estadio
y al verlos, enmudecen pálidos de curiosidad,
entonces les susurro en sus oídos que volverán a nacer
porque morir es mentira
y así, en aquel estado, balbuceantes palabreros,
los llevo al superior,
que como antes dije, es mi padre,
y guardo sus poemas y sus memorias en mi corazón,
que es el sagrado,
en este valle que regento
por amor y por trastorno.