Jorge Cáceres Poeta Chileno

martes, 17 de diciembre de 2013

Astrid Fugellie (Chile)


D I _ V A G A N D O

y esto
para que los verbos que tramas sean liturgia
una boca llena de flores

y esto
para cuando caigan las gotas del delirio
y el lenguaje sea lo único rescata-ble

y esto
para cuando quedes en tu nombre, y no en ti
como un muñeco hecho de margaritas

y esto
para cuando vivas y te dejes vivir con la locura
de las infancias

y esto
para cuando aceptes que nada es definitivo
que todo es i-lógico
un accidente in-necesario

y esto
para cuando las proporciones y l'a-simetría
te inclinen a la ternura

y esto
para cuando tu curvatura de hombros sea
la clave de esa escritura en negro

y esto
para cuando todo haya sucedido con anterioridad
antropológica, y
te dejes caer al suelo, y
te eches a llorar

y esto
para cuando, separadas las piernas, en medio de
aquella geometría sin retorno, encuentres la
in-movilidad de dios

y esto
para cuando te sorprenda la muerte, con los
mismos ojos que naciste

(del libro Baúl, Antología II, 40 años de Poesía Inédita, 1973-2013)



LA DESOLLADA

• Vivirás las costas que dan a la Isla
de los Fuegos.
Soy huesa santa, me parieron aquí,
sin consulta previa.

Me vomitaron y después dijeron:
• ¡Salud!, hasta que te crezcan
gusanos y flores.
Óyeme, mírame desollada:
El primer hueso indigno que llevo puesto
es la cicatriz en el vientre que me trajo.
A la Fiesta Negra, el segundo hueso,
el tercero
y los despreciables que le siguen
se dejaron caer en advénticos discursos:
• Formarás una familia de dos hijos varones, un perro sin edad aparente y un conejo que de improviso morirá destrozado por el hocico necio del canino.

Me movilicé, entonces, arrastrando
el tintinear de mi osamenta,
tajada de campana que llama a misa de gotitas
a animales y muecas.



LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 1
Cruzar montañas vestida de tribuna.
2
Dormir y amanecer en bodegas de cielo.
3
Caminar calles muertas al filo de la lluvia.
4
Beber agua turbia en ayunas, junto a una piedra quemada.
5
Preguntar por la niña con olor a magulladuras.
6
Ir tragando el azufre hasta que, tarde abajo, canten las viudas de corazón piadoso.
7
Intentar tener en medio de las sombras el alma como una tienda de música.
8
Preguntar a la gente el oficio y la costumbre con esta cara que el Diablo me presta.
9
Saber, en definitiva, en qué tierra se nace para que este Lunario no lleve mirada de difunto.
10
Luego 
sentarse.




sábado, 31 de agosto de 2013

Diego Maquieira (Chile, 1951)



LEVANTAMOS UN FARO


Levantamos un faro en medio del mar
un faro de paredes de papiro
que usábamos para guardar los vinos
y para echarnos a beber con mujeres
pero no hacíamos nada para la posteridad
Una noche que intentamos dar Macbeth
nos demorábamos meses en darla
y se nos olvidaba en qué íbamos
Habíamos levantado un faro en el mar
para no hacer nada en la vida
y gozar desnudos y con mujeres
Ma a veces maravillados por un Mirage
por una clona que nos hacía los ojos
asaltábamos a la sexta flota española
y promovíamos graves desórdenes bajo cubierta
Pero no hacíamos nada grande la verdad
Abusábamos del amor
del ocio y del porvenir
y bebíamos hasta moverle el piso al mar.



II. EN UN CIELO CON DOS MIL AÑOS DE VACÍO

Ya los Harrier fuera de pantalla
en un cielo con dos mil años de vacío,
parados esperando la consagración de las utopías
con nuestros abrigos de astracán puestos
y nuestros gorros de Rembrandt
recibí la venida a ver de un olvidado amor
La Sor clona Cósima que me zampó su belleza
y que ahora venía a incendiarme mi Harrier
acusándome de besar a Judas Iscariote
abandonado a su muerte por el Mesías,
de hacer cundir el desaliento en la florería
y de pasarme al bautizo de Gaetano Stampa
La dejé ir imaginándomela como un polvo perdido
sobre mi asiento descapotado, aunque sabía
que el tocarla haría reventar la cabina
y que el amor podría significar la muerte
arruinando el sueño de la guerra infinita
Pero como un inflado émulo de Garcilaso
apenas un momento antes de sucumbir
Me sobrepuse y le recité conmovido a sus ojos:
Estoy continuo en lágrimas bañado
Rompiendo el aire siempre con suspiros;
Y más me duele nunca osar deciros
Que he llegado por vos a tal estado
Que viéndome donde estoy y lo que he andado
Por el camino estrecho de seguiros,
Si me quiero tornar para huiros,
Desmayo viendo atrás lo que he dejado;
Si a subir pruebo en la difícil cumbre,
A cada paso espántanme en la vía
Ejemplos tristes de los que han caído.
Y sobre todo, fáltame la lumbre
De la esperanza, con que andar solía
Por la oscura región de vuestro olvido.


EL GALLINERO

Nos educaron para atrás padre
Bien preparados, sin imaginación
Y malos para la cama.
No nos quedó otra que sentar cabeza
Y ahora todas las cabezas
ocupan un asiento, de cerdo.

Nos metieron mucho Concilio de Trento
Mucho catecismo litúrgico
Y muchas manos a la obra, la misma
Qué en esos años
Repudiaba el orgasmo
Siendo que esta pasta
Era la única experiencia física
Que escapaba a la carne.

Y tanto le debíamos a los Reyes Católicos
Que acabamos con la tradición
Y nos quedamos sin sueños
Nos quedamos pegados
Pero bien constituidos;
Matrimonios bien constituidos
Familias bien constituidas.
Y así, entonces, nos hicimos grandes:
Aristocracia sin monarquía
Burguesía sin aristocracia
Clase media sin burguesía
Pobres sin clase media
Y pueblo sin revolución








sábado, 29 de junio de 2013

Teresa Wilms Montt. Poemas (Chile, 1893)



Vestido de la chía llegó anoche por el espejo.
Sus manos cruzadas sobre el pecho salían en pétalos de azucena por la negra manga.
El abismo de sus ojos tragóse todas las sombras y en mi cerebro se hizo la luz.
Habló su boca sin palabras como los viejos órganos de las catedrales y dijo: Duerme, duerme, el sueño es la aurora del día eterno.

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Mi alma es un palacio de piedra, donde habitan los ausentes, trayéndome la sombra de sus cuerpos para alivio y compañía de mi vida.
Mi alma es un campo desbastado donde el rayo quemó hasta las raíces, y donde no puede florecer ni el cardo.
Mi alma es una huérfana loca, que anda de tumba en tumba buscando el amor de los muertos.
Mi alma es una flecha de oro perdida en un charco de fango.
Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que marcha a tientas sin apoyo y sin guía.

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Frente a mi ventana cerrada pregunto al tiempo cuánto más he de vivir.
Las sombras anegan mis persianas, y apenas marca una delgada raya la claridad.
El reloj tiene titubeos de corazón enfermo.
En un gesto convulsivo se crispan mis manos sobre el papel.
Buscan el apoyo de la tierra.
En la luz del crepúsculo el cristal de la ventana me
devuelve el reflejo de mi cara.
Remango la boca en una sonrisa y veo la calavera a
través de la carne transparentada.
Caen lacios mis cabellos pegados a las sienes como un
cortinaje de cenizas doradas.
En el fondo de mis ojos se ahoga el pensamiento
ahondando las profundidades del cráneo, como puntas
negras que oradan.
Sombra, silencio, nada existe para saciar la inquietud
de mi lámpara vital.
En sueños, vive en su mundo ni espíritu, invocando a
la muerte hermana, vagabunda y eterna.

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Me siento mal físicamente. Nunca he tributado a mi cuerpo el honor de tomar su vida en serio, por consiguiente no he de lamentar el que ella me abandone. Nada tengo, nada dejo, nada pido. Desnuda como nací me voy, tan ignorante de lo que en el mundo había. Sufrí y es el único bagaje que admite la barca que lleva al olvido. Morir, después de haber sentido y no ser nada...





 


 

viernes, 31 de mayo de 2013

Walking around. Pablo Neruda (Chile, 1904)

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
no quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.