Jorge Cáceres Poeta Chileno

martes, 11 de enero de 2011

Marcela Muñoz Molina (Chile 1966)


Casi todo se estrelló contra la vida corriente



Ocurrido los hechos, tal como aquí los describo, sucedió que nos subimos a una barca, quizás muy pequeña para la cantidad de pasajeros, cuyo principal objetivo por esos días, era lograr que cierto inmundo personaje y sus perros que eran muchos, fieles y peligrosos, abandonaran el poder.
No se caminaba con tranquilidad por la calle, todos los lugares parecían oscuros, aunque tuviesen luz. Los televisores tenían pantalla en blanco y negro y el inmundo personaje interrumpía las transmisiones para hablar al país cada tanto, y decir que sabía todo lo que ocurría en el extenso territorio. Irónicamente, años después insistía en que no se acordaba de nada.
Y tenía una mujer, una señora regordeta, que también aparecía en mi televisor Westinghouse de 23 pulgadas y repetía mucho eso de mujeres de Chile, la fuerza de las mujeres de Chile, CEMA Chile y la Ginette Acevedo cantaba y cantaba el mismo tema, también sobre las mujeres, para ver si así seguían creyendo en dios padre hijo y espíritu santo léase signo igual tiranía. Padre todo poderoso y en cada uno de sus padres, porque parece que algo raro pasa con los padres y las hijas, sobre todo. Eso y la parada militar de 19 de septiembre saliéndose casi por la pantalla de mi Westinghouse, y Vodanovic y el cura Hasbún y el ministro Fernández y Jaime Guzmán, que ahora me doy cuenta inspiró el dibujito del nerd del messenger, eran todos lo mismo y las zapatillas el día de protesta eran importantes, para salir corriendo como Pedro Navaja, y todos arriba de una micro verde toda la micro verde que no era de esperanza, y sucedía que algunos salían de sus casas en la mañana y no volvían, ni a las seis, ni las nueve, ni al otro día. Sucedía que aparecían degollados por la pantalla en blanco y negro de mi televisor Westinghouse, o los rociaban con bencina y les prendían fuego y nos enterábamos, por ejemplo, que Rodrigo Rojas antes de morir, con todo el cuerpo quemado se comunicaba moviendo un dedo del pie o que alguien ponía una bomba en una parroquia y estallaba antes de tiempo y con horror las vecinas abrían la puerta de sus casas y se encontraban con una pierna, un dedo o un ojo que colgaba en los cables de la luz. Ese que puso la bomba era alguien qué cumplía órdenes. Algo así, como cuando enciendo mi televisor Phillips de 21 pulgadas, pantalla a color, y vuelvo a ver soldados niños muertos en Antuco como en la guerra de las Malvinas y no puedo evitar llorar. La nieve, sus madres y la leche con que los alimentaron me hacen llorar, sus manos moradas me hacen llorar, sus pies quemados me hacen llorar, la brutalidad que no termina, los cerebros cerrados como un puño, los corazones apretados como un nudo. Dios padre hijo y espíritu santo léase signo igual tiranía me hacen llorar y cuando por casualidad, veo esas imágenes en blanco y negro, sobre todo si es en blanco y negro, yo prefiero mirar para otro lado, una sola imagen y es como si apagaran de golpe la luz. Ocurridos los hechos tal como aquí los describo, resulta que íbamos todos en una barca pensando en que la cosa ya no daba para más. Se necesitaba sangre joven y fresca por esos tiempos.
Casi toda una generación iba en una barca tan chiquitita. Ahora creo que la juventud es un estado donde el instinto de conservación parece anularse, no se olfatéa el peligro tan rápida y claramente como en otros tiempos. Seguramente, toda esa historia de la adrenalina, serotonina, melatonina, funcionan de otra manera en la juventud, entonces uno se lanza no más, uno cree no más, uno le mete no más, uno se sube a una barca como los chinos a los transbordadores, sin calcular cual es la capacidad real de la embarcación y cuantos realmente van arriba. Nosotros solo queríamos cruzar. Y nuestro cruce era que el inmundo personaje y sus perros, fueran ajusticiados, declararan sobre muertos, desaparecidos, platas, movidas raras y todo el país saltara de alegría y la gente se abrazara y la cultura y el arte fueran algo importante y queríamos hasta que los pacos nos volvieran a caer bien.
El asunto es que, la alegría duró como un día y medio, la gente se abrazó y lloró, de eso me acuerdo,
para el tema del arte y la cultura, se creó el Fondart.
El guatón Romo, explicaba, como quien explica una receta de cocina, como se torturaban a las mujeres y decía que los muertos no serían encontrados porque había sido lanzados desde helicópteros a la boca de los volcanes o en barcos de la armada, al mar. Lo contaba como quien cuenta una anécdota. Dios padre hijo y espíritu santo, léase signo igual tiranía, por favor. Y ahí mismo, cuando la transición comenzó, nuestra barca se estrelló, porque ya no fuimos más necesarios. Nosotros creímos qué íbamos a seguir siendo parte, queríamos seguir siendo parte necesitábamos seguir siendo parte.
Por alguna insólita razón, pensamos que nos iban a preguntar, a ver chicos, ¿Cómo creen ustedes que podemos rearmar esto?
Me río ahora, pero mi mueca no deja de ser de tristeza porque todos los movimientos de este tipo son siempre de guerra, aunque no lo parezcan, y en las guerras los soldados son siempre jóvenes y puede ser que tengan claro a qué van, pero no cómo van o cómo van a terminar. Esa es la gracia.
Porque el instinto de conservación parece anularse en la juventud. Pero hay alguien que siempre saca bien las cuentas, mueve bien los hilos, hay alguien detrás con la cabeza más fría, alguien que nunca fue joven, dios padre hijo y espíritu santo, léase signo igual tiranía, que prefiere no imaginar como morirán esos extraños héroes de la patria o si serán veteranos de guerra a los 35 años, porque eso no es
lo importante y tampoco es su problema.
Como iba describiendo, después que la barca se estrelló, cada uno se aferró a lo que pudo.
Algunos se dedicaron a la crianza de hijos, otros a la de codornices, otros hacen clases y no hablan con casi nadie excepto con sus alumnos, tratan de mantener cierto grado de esperanza.
Otros pusieron una verdulería, algunos tienen puestos en el gobierno y si te encuentras con ellos te saludan con una mezcla de vergüenza y distancia, tu cara les recuerda algo que ellos intentan todas las mañanas olvidar.
Varios son alcohólicos, y muchos tienen cicatrices que después de una de pisco te muestran y a veces hasta lloran. No te lo dicen, pero ellos siempre van a estar detenidos en Dawson.
Existen también los que quieren que el próximo gobierno sea de derecha, para ver si eso logra traer de vuelta el fervor de los ochenta. Pero los ochenta ya pasaron.
Y hoy, todos bailamos otro ritmo, unos más otros menos, porque después de todo, nosotros, los que fuimos, ya no somos los mismos. La derecha menciona demasiado la palabra dios y de dios padre hijo espíritu santo, léase siempre signo igual tiranía, ya tuvimos suficiente. No creo ni quiero que vaya por ahí el asunto. Creo que todos los sobrevivientes de esa barca que se estrelló y que era parecida a los transbordadores chinos, deberíamos juntarnos un día cualquiera, quizás en un estadio, una plaza,
un parque y sin decirnos una palabra deberíamos abrazarnos, uno por uno. Y aunque sea por un día, recibiríamos cientos, miles de abrazos, esos abrazos apretados, cálidos, volveríamos a sentir esa sensación de desplome en el otro, esos abrazos cómplices, que muchos no hemos dado ni recibido, desde el día en que nuestra barca se estrelló, el 6 de octubre del 1988.




                                                  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso y valiente texto, Marcela. La juventud debería durar para siempre en la mente y el corazón.
Cecilia

literatura y juventud dijo...

Muchísimas gracias Cecilia. Te dejo mi abrazo.

Marcela

Anónimo dijo...

Dios padre hijo y espíritu santo, léase signo igual tiranía, por favor. me llego realmente, increíble texto, tiene esa gracilidad mistica de lo que realmente se siente, además de aquello que no se habla, por lo mismo,te agradesco por hablar de algo que aun a la gente adulta le asusta mencionar