Vuelta 49


Vuelta 49. Algo así como las 5 de la tarde de un día cualquiera, como la última semana de febrero en verano. Es la primera vez que paso esta fecha en un planeta tan lejano. Cada día después de patrullar el área y confirmar que todo, o casi todo, funciona con la precisión de un gran reloj, intento establecer algún contacto con quienes hablan mi idioma. Eso le da descanso a mi cabeza. Y digo que casi todo funciona con precisión, porque ayer por primera vez experimentamos el retraso de una nave, diez minutos de retraso que significaron diez minutos esperando un espacio disponible en la plataforma de aterrizaje. Mi companero dice que ese tipo de naves fueron hechas en un lugar no muy confiable y que fue un error comprarlas. Aún no tengo claro si los humanos del planeta de donde provengo, pueden realmente acostumbrarse a esta atmósfera y a las sorpresivas tormentas de viento y pájaros que se desatan al menos dos veces por semana. Estoy aquí sólo de paso y he visto que algunos de ellos, los que llevan mas tiempo , son más de aquí que de allá. Es el precio de la supervivencia. Refugiados de diversos lugares comparten esta estación, algunos nunca más vuelven a ver a sus familias, entonces es comprensible que intenten ser parte de un sistema inteligentemente diseñado para la conservación de la vida. No siempre cuando intento establecer contacto funciona, estoy a nueve mil trescientos años luz de mi lugar de origen y a cuatro mil de mi futuro hogar, entonces los mensajes que envío llegan con cierto retraso y las respuestas que recibo, también, sin contar que aquí la noche dura sólo ciento ochenta minutos. El resto, son horas lentas donde lo más caracteristico es el silencio. Un silencio que te recuerda que estás suspendido en medio de la nada, esperando nada, salvo cotidianos movimientos internos que permiten el funcionamiento de todo y de todos. También es importante cortar el pasto, cuidar los árboles, alimentar a los pájaros y utilizar toda la energía eólica y solar posible para el mantenimiento del sistema Millones de años atrás este planeta estuvo cubierto de hielo y una humedad que parece infinita permite la producción y reproduccion de casi todo tipo de alimentos y le da su color característico, verde. Ayer, despues de tres días fuera, cuando volvimos encontramos una pequena planta creciendo dentro del conducto extractor de agua. Comienza la vuelta 49 y al mediodía debemos tomar una nave para ir al centro de la estación a un checkeo médico. Existe aquí una mujer que prepara comida típica de mi planeta, algo que le viene bien a los nostálgicos de ese lejano lugar del universo, pero yo huyo de la nostálgia más que de cualquier otra cosa. Entonces, esta tarde sólo me sentaré a tomar una taza de té con una tarta de flores y aprovecharé el tiempo alimentando a los pájaros para que puedan resistir la próxima tormenta.


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