Las marionetas humanas (Marcela Muñoz Molina, Chile)

He comprado una sidra para celebrar. Toda la casa, el patio, la calle, el parque, mi ropa, mi cuerpo, mi pelo huele a humo. Las hojas que cayeron en otoño no fueron recogidas. Los fantasmas no recogen hojas, no limpian los patios, no descuelgan la ropa. Cayeron y allí quedaron. Se pudrieron con las lluvias del invierno, formaron una alfombra café habitadas por los grillos de septiembre. El estallido de la primavera trajo pastos y diminutas flores azules y amarillas. No tenían más de tres milímetros de diámetro. Pequeños puntos azules en medio del verde salvaje a escala. Cualquiera se hubiese dado cuenta que un ser humano no había pasado por allí. Un par de gatos sin hogar y una gata con dueño pero celosa de los territorios, solamente. Las primeras llamas del sol quemaron las hojas y las flores en menos de una semana. El verde se volvió un amarillo desteñido y quebradizo. Los fantasmas no limpian los patios, ni recogen las hojas, ni descuelgan la ropa. Pero las marionetas humanas sí. ...