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Teresa Wilms Montt. Poemas (Chile, 1893)

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Vestido de la chía llegó anoche por el espejo. Sus manos cruzadas sobre el pecho salían en pétalos de azucena por la negra manga. El abismo de sus ojos tragóse todas las sombras y en mi cerebro se hizo la luz. Habló su boca sin palabras como los viejos órganos de las catedrales y dijo: Duerme, duerme, el sueño es la aurora del día eterno. ----- Mi alma es un palacio de piedra, donde habitan los ausentes, trayéndome la sombra de sus cuerpos para alivio y compañía de mi vida. Mi alma es un campo desbastado donde el rayo quemó hasta las raíces, y donde no puede florecer ni el cardo. Mi alma es una huérfana loca, que anda de tumba en tumba buscando el amor de los muertos. Mi alma es una flecha de oro perdida en un charco de fango. Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que marcha a tientas sin apoyo y sin guía. ----- Frente a mi ventana cerrada pregunto al tiempo cuánto más he de vivir. Las sombras anegan mis persianas, y apenas marca una delgada...

Walking around. Pablo Neruda (Chile, 1904)

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Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. no quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de p...

Gabriela Mistral (Chile, 1889)

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  LA CABALGATA A don Carlos Silva Vildósola Pasa por nuestra Tierra la vieja Cabalgata, partiéndose la noche en una pulpa clara y cayendo los montes en el pecho del alba. Con el vuelo remado de los petreles pasa, o en un silencio como de antorcha sofocada. Pasa en un dardo blanco la eterna Cabalgata... Pasa, única y legión, en cuchillada blanca, sobre la noche experta de carne desvelada. Pasa si no la ven, y si la esperan, pasa. Se leen las Eneidas, se cuentan Ramayanas, se llora el Viracocha y se remonta al Maya, y madura la vida mientras su río pasa. Las ciudades se secan como piel de alimaña y el bosque se nos dobla como avena majada, si olvida su camino la vieja Cabalgata... A veces por el aire o por la gran llanada, a veces por el tuétano de Ceres subterránea, a veces solamente por las crestas del alma, pasa, en caliente silbo, la santa Cabalgata... Como una...

Me gustaría. Yevgeny Yevtushenko (Rusia, 1933)

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Me gustaría nacer en todos los países, tener un pasaporte para todos que provoque el pánico de las cancillerías; ser cada pez en cada océano y cada perro en las calles del mundo. No quiero arrodillarme ante ídolo alguno ni hacer el papel de un ruso ortodoxo hippie, pero me gustaría hundirme en lo más hondo del Lago Baikal y salir resoplando en otras aguas, ¿por qué no en las del Mississippi? En mi maldito universo amado me gustaría ser una hierba humilde, nunca un Narciso delicado que se besa en el espejo. Me gustaría ser cualquiera de las criaturas de Dios, incluso la última hiena sarnosa, pero nunca un tirano, ni siquiera el gato de un tirano. Me gustaría reencarnar como hombre en cualquier imagen: víctima de una cárcel de tortura, un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong , un esqueleto viviente en Bangladesh, un pordiosero sagrado en el Tíbet, un negro de Ciudad del Cabo, pero nunca encarnar la imagen de Rambo. Sólo od...

La tierra también es redonda en Aarhus (Marcela Muñoz Molina, Chile)

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“ Cada ciudad tiene su torre, para empinarse y está sola” Carmen Ábalos Ninguna torre es más alta que el faro que guía a los barcos en Aarhus. Pintado de brillantes colores, es tan imponente que nadie lo ve. Ellos ven lo que está en la vitrina más próxima, en las pantallas de líquido neón, pero nadie se arriesga a sentir el vértigo de subir la mirada. Quienes han tenido la suerte de tomar distancia, saben donde nace y muere la luz del faro de Aarhus. A doce mil quinientos kilómetros de distancia es fácil ubicarlo en el mapa. Los navegantes perdidos en el Cabo de Hornos saben, que cuando el viento ha enloquecido los relojes, deben mirar hacia los cielos del norte buscar en la altura ese latido de luz naranja que gira sobre las nubes. Desde la curva sur del mundo, unas pupilas desconocidas cuelgan de esa llama que arde día y noche. El fuego obliga a los marineros a parchar las velas en medio de la tormenta y mantener las manos firmes en el timón. Un viento de ci...

Pier Paolo Pasolini (Italia,1922)

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Al PRÍNCIPE Si regresa el sol, si cae la tarde, si la noche tiene un sabor de noches futuras, si una siesta de lluvia parece regresar de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo, ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello: ya no siento delante de mí toda la vida... Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo: horas y horas de soledad son el único modo para que se forme algo, que es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos. Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte que se viene encima, en el ocaso de la juventud. Pero por culpa también de este nuestro mundo humano que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz. A ALGUNOS RADICALES El espíritu, la dignidad mundana, el arribismo inteligente, la elegancia, el traje a la inglesa y el chiste francés, el juicio tanto más duro cuanto más liberal, la sustitución de la razón por la piedad, la vida como apuesta para perder como señores, os han impe...

Las marionetas humanas (Marcela Muñoz Molina, Chile)

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He comprado una sidra para celebrar. Toda la casa, el patio, la calle, el parque, mi ropa, mi cuerpo, mi pelo huele a humo. Las hojas que cayeron en otoño no fueron recogidas. Los fantasmas no recogen hojas, no limpian los patios, no descuelgan la ropa. Cayeron y allí quedaron. Se pudrieron con las lluvias del invierno, formaron una alfombra café habitadas por los grillos de septiembre. El estallido de la primavera trajo pastos y diminutas flores azules y amarillas. No tenían más de tres milímetros de diámetro. Pequeños puntos azules en medio del verde salvaje a escala. Cualquiera se hubiese dado cuenta que un ser humano no había pasado por allí. Un par de gatos sin hogar y una gata con dueño pero celosa de los territorios, solamente. Las primeras llamas del sol quemaron las hojas y las flores en menos de una semana. El verde se volvió un amarillo desteñido y quebradizo. Los fantasmas no limpian los patios, ni recogen las hojas, ni descuelgan la ropa. Pero las marionetas humanas sí. ...