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Aristóteles España ( Chile 1955 -2011)

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  LA FACULTAD POÉTICA DEL MUNDO INTERIOR  Para mi amigo poeta y cineasta César Hidalgo, quien filmó el imaginario del Hospital En el hospital Psiquiátrico de Valparaíso, Aislado del mundo por ventanales y agujeros, Con terapias y dosis de extraños líquidos Cuyos nombres no recuerdo, Descubrí que nunca había amado a una mujer. Amé una Causa, Amo la Palabra, Amo la nieve, el viento, el desierto, la lluvia, Amo los países y ciudades donde he estado, Amo la muerte, los insectos, los gusanos, las gaviotas, Los mitos, las leyendas, las ideas, los libros, las jirafas, Las huellas, Pero mi novia siempre ha sido la Poesía, La música ha sido un amor inconcluso, La pintura y el dibujo fueron pasiones que dejé ir, El teatro fue y es una fuente de energía pues escribo Y actúo frente a mi propio escenario; En el cine he sido personaje y director solitario, Guionista de mis aciertos y errores, con diversos nombres. Pero nunca he amado a una mujer, Me gustan las m...

La noche quebrada (Marcela Muñoz Molina, Chile 1966)

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  Abro la puerta del patio a las 5 am Escucho como las hojas y las pequeñas ramas se desprenden de los árboles. Una brisa corta el silencio y las corta a ellas en su paso. Con el oído sigo la trayectoria del despegue y del aterrizaje Imagino en la oscuridad los giros de la última danza. En el patio de al lado otros sonidos aparecen en la fotografía Un gato saltando un tejado Una puerta se cierra de golpe Una ventana se abre despacio. Alguien enciende una radio portátil y escucha las noticias. Después abre la llave de la ducha. Se prepara para sonreír durante 8 horas mientras responde preguntas sin importancia en el centro de Santiago. Él es alguien que yo nunca he podido ser. El sonido de varias hojas cayendo producen el sonido de una fogata. Algo arde en el centro de patio pequeñas ramas se retuercen entre las llamas. El olor, y el humo que viajan por el tiempo me envuelven y me abrigan como a un cachorro na...

Paul Eluard (Saint-Denis, Francia 1895)

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  LA CURVA DE TUS OJOS  La curva de tus ojos da la vuelta a mi corazón Un redondel de baile y de dulzura, aureola del tiempo, cuna segura y nocturna, y si ya no sé todo lo que he vivido es que tus ojos no me vieron siempre. Hojas de día y espuma de rocío, cañas del viento, sonrisas perfumadas, alas que cubren el mundo de luz, barcos cargados con el cielo y con el mar, cazadores de los ruidos, fuentes de los colores. Perfumes nacidos de un enjambre de auroras que yace siempre sobre el heno de los astros, como el día depende de la inocencia el mundo entero depende de tus ojos puros y toda mi sangre corre en sus miradas. LAMUERTE, EL AMOR, LA VIDA... Creí que me rompería lo inmenso lo profundo. Con mi pena desnuda, sin contacto, sin eco, me tendí en mi prisión de puertas vírgenes como un muerto sensato que había sabido morir. Un muerto coronado sólo de su nada … Me tendí sobre las olas absurdas del verano absorbido por amor ...

Grisel (Marcela Muñoz Molina, Chile 1966)

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Alguna vez fui Exequiel Novilli. Crucé la Cordillera de los Andes, siendo Exequiel Novilli. Presencié lo que sus ojos hubieran visto, ayudé a acomodar los tachos, a guardar los cables, quise aprender a manejar el seguidor. Las gelatinas me alucinaron y me enamoraron, sobre todo las de color fucsia. En ese tiempo, Exequiel era un poco más que un niño, pero sin edad suficiente para cruzar un cordón de montañas. Lo reconocí una vez entre la gente en una ciudad de la costa atlántica, aunque en ese momento yo no sabía que era él. Lo observé, seguí atentas sus movimientos, la concentración de sus manos en la única y redonda luz que caía sobre el escenario. Me di cuenta que Novilli era casi un niño. Su pelo ensortijado, su estatura pequeña, su agilidad para trepar. Un par de años después trató de cruzar la cordillera y no pudo. Ahí supe que no tenía más de 18 años. Una extraña conexión entre las luces y el amor hizo que yo tomara su identidad. Me colgué el cuello su nombre, sin que a nadie...

Juan Gelman (Buenos Aires, Argentina 1930)

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GOTÁN Esa mujer se parecía a la palabra nunca, desde la nuca le subía un encanto particular, una especie de olvido donde guardar los ojos, esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo. Atención atención yo gritaba atención pero ella invadía como el amor, como la noche, las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos. Dentro de mí estallaron ruidos secos, caían a pedazos la furia, la tristeza, la señora llovía dulcemente sobre mis huesos parados en la soledad. Cuando se fue yo tiritaba como un condenado, com un cuchillo brusco me maté, voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre, él moverá mi boca por última vez. SÁBADO La intensidad de la basura en almas que se quedan quietas, el ojo que no es como el cuerpo y mira un desierto salvaje. El prójimo como otro dolor y sus rezos sin suerte en la tarde que posa la oscuridad hoja por hoja. El miedo a amar en un callejón. ¿Por qué no vienen las infancias que...

Poemas para no matar (Marcela Muñoz Molina, Chile 1966)

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  POEMA CUATRO  Me levanto todos los días y asisto medio maquillada a este carnaval silencioso tragicómico y cotidiano. Soy otra todos los minutos. Hablo por mi boca de cartón piedra y soporto. Mientras tanto doy vueltas y vueltas por lugares no definidos por sitios inexplorados por inmensos continentes de gas. Me levanto todos los días y me disfrazo y hago como que trabajo como que me río tiendo mis cordeles falsos mis líneas de luz. Nadie podría llegar hasta mí ahora. Y desde aquí veo como todos cumplen con su actuación en este teatro de mala muerte, veo como se buscan, se encuentran y se abandonan. Desde aquí y escondida, me río de mi propio papel. A veces, me limpio el maquillaje y sollozo. A veces, pego dos lentejuelas más a mi sucia y vieja chaqueta. Miento todo el día y está bien. POEMA VEINTICUATRO Creo que recién ahora vengo de vuelta el sol pasa sobre mi cabeza 358 veces al día...

Jorge Teillier ( Chile, 1935 )

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  SIN SEÑAL DE VIDA   ¿Para qué dar señales de vida? Apenas podría enviarte con el mozo un mensaje en una servilleta. Aunque no estés aquí. Aunque estés a años sombra de distancia te amo de repente a las tres de la tarde, la hora en que los locos sueñan con ser espantapájaros vestidos de marineros espantando nubes en los trigales. No sé si recordarte es un acto de desesperación o elegancia en un mundo donde al fin el único sacramento ha llegado a ser el suicidio. Tal vez habría que cambiar la palanca del cruce para que se descarrilen los trenes. Hacer el amor en el único Hotel del pueblo para oír rechinar los molinos de agua e interrumpir la siesta del teniente de carabineros y del oficial del Registro Civil. Si caigo preso por ebriedad o toque de queda hazme señas de sol con tu espejo de mano frente al cual te empolvas como mis compañeras del tiempo de Liceo. Y no te entretengas en enseñarle palabras feas a los choroyes. Enséñales solo a decir Pa...