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Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)

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NO ME ARREPIENTO DE NADA       Desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar aquellas que pude haber sido; las mujeres primorosas, hacendosas, buenas esposas, dechado de virtudes, que deseara mi madre. No sé por qué la vida entera he pasado rebelándome contra ellas. Odio sus amenazas en mi cuerpo. La culpa que sus vidas impecables, por extraño maleficio, me inspiran. Reniego de sus buenos oficios; de los llantos a escondidas del esposo, del pudor de su desnudez bajo la planchada y almidonada ropa interior. Estas mujeres, sin embargo, me miran desde el interior de los espejos, levantan su dedo acusador y, a veces, cedo a sus miradas de reproche y quiero ganarme la aceptación universal, ser la "niña buena", la "mujer decente" la Gioconda irreprochable. Sacarme diez en conducta con el partido, el estado, las amistades, mi familia, mis hijos y todos los demás seres que abundantes pueblan este mundo nuestro. En esta contradicción inevitable entre lo que debi...

Weather Report (Marcela Muñoz Molina, Chile)

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El telescopio las enfoca de tal manera que pareciera que están colisionando, pero es sólo un efecto. Están separadas por millones de años luz. No se rozan siquiera. Mientras ellas navegan a una velocidad desconocida, The Beatles cantan Real love . Danzan en el camino que lleva al infinito. En el norte, la primavera estalla contra el verano. Y Llueve sobre Santiago. En los últimos días las gotas de lluvia se han vuelto de colores. En las noches, además son de neón. La gente intenta rescatarlas del pavimento y guardarlas en sus bolsillos, pero es imposible. Se deshacen a centímetros del suelo. Han provocando ríos tornasolados, incontenibles. Las ropas tendidas, se han teñido y los patios son un lugar de fiesta. Todos se acuestan tarde, no quieren perderse la visión de la lluvia luminosa. Llegan atrasados a sus trabajos, los niños no asisten a la escuela. Las calles se han vuelto murales horizontales que nadie quiere pisar. Los árboles cargan frutos que duran un par de minutos. Por mi ...

Mi derrota. Hugo Vera Miranda (Chile)

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Mi derrota no es al estilo de un poema de Khalil Gibran No es poética ni sublime. Uno más al cual no se le tira un cordel desde la costa. Esperar. Ni siquiera preguntan cómo estoy. Temen la respuesta. Tampoco les importa mucho. Nada. Él se lo buscó. Murió como vivió. En definitiva era un buen tipo. Merece el nombre de una calle. Qué mejor. El nombre de una puta calle. Hay que estar bien. Ser feliz. Olvidar. No saber. El destinatario del abismo. Apenas me queda el insomnio. Apenas el espanto. Mi padre decía que podría ser el presidente de este inmundo país. Le fallé. Le he fallado a toda la caterva de maestros somnolientos. Mi cerebro se agota. Inmóvil contemplo pasar el cortejo de la dicha. Un mar anochecido se apoltrona a mi costado. Todo el mundo quiere leer cosas bonitas. Y yo acá. Destemplando los dientes. Disidente de toda ideología. En la más dura. La más triste. Dialogando con el infierno. Alumbrándome con una cerilla apagada. Viendo pasar el corso festivo. El azul no fue lo...

Idea Vilariño (Uruguay,1920)

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DECIR NO Decir no decir no atarme al mástil pero deseando que el viento lo voltee que la sirena suba y con los dientes corte las cuerdas y me arrastre al fondo diciendo no no no pero siguiéndola. YA NO SERÁ Ya no será,   ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo no coseré tu ropa, no te tendré de noche no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui por qué me amaron otros. No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca ni si era de verdad lo que dijiste que era, ni quién fuiste, ni qué fui para ti ni cómo hubiera sido vivir juntos, querernos, esperarnos, estar. Ya no soy más que yo para siempre y tú Ya no serás para mí más que tú.   Ya no estás en un día futuro no sabré dónde vives, con quién ni si te acuerdas. No me abrazarás nunca como esa noche, nunca. No volveré a tocarte. No te veré morir.

Seis consejos a jóvenes escritores. Hugo Vera Miranda (Chile)

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S i tienes el irremediable impulso por la escritura. Si sientes que en eso se te va la vida. Si todo el puto día recomienzas con el Word en blanco y te apellidas Hemingway, Carver o Auster. Abandona. Te puedes dedicar al surf, al bowling o a vivir de los derechos de autor de tu padre. El surf es importante. El bowling es importante. Los derechos de autor de tu padre son muy importantes. Si tienes una tía llamada Samanta y no consigues hilvanar un verso de nada. Si la tía está como para darle y hacerla pedazos. Si se te presenta cimbreante, cautivante y decadente, te la follas y te dejas de tonterías con tus poemas cimbreantes, cautivantes y decadentes. Ten presente que siempre es más importante un coño que tus poemas. Si has abandonado todo por la Literatura. El quinto año de Derecho. La casa de tus padres. La beca Fulbright por tu potencial de liderazgo. El amor de la chica más linda del lugar, entonces eres un soberano pelotudo y nunca llegarás a na...

El don de la velocidad (Marcela Muñoz Molina, Chile)

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Yo te amaba desde que éramos niños. Había jugado contigo saltando los viejos maderos del muelle de ese lugar donde no existía el mar. Y jugábamos a hacer carreras con el tren que una vez al día cruzaba nuestra infancia. Algunas veces le ganamos. Bueno, tú le ganabas en realidad, yo siempre llegaba segunda. En esos tiempos, pensaba que la velocidad la tenías en la cabeza y no en las piernas. Que un rayo te golpeó en una tormenta y te había regalado el don. El don de la velocidad. Otras veces, me mirabas fijo. Yo decía sólo una o dos palabras que eran como llaves y tus ojos se volvían de agua. Los limpiabas antes que se desbordaran. Yo arreglaba el cabello que caía sobre tu frente para evitar que cayeras tú también. Eso hacen los buenos amigos. Evitan las caídas y te levantan cuando caes. Le quitan gravedad al asunto, aunque el asunto sea la muerte. Te distraen para que la inocencia no te abandone. Te hacen mirar por la ventana por donde sale el sol. Y te dicen la verdad, cuando la ve...

Por la mujer que a esta hora ( Marcela Muñoz Molina, Chile)

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Por la mujer que a esta hora en Somalia entierra a su hijo en un oscuro agujero en la tierra. Por la que no deja de revolver las piedras en la olla para que su hija se duerma y se olvide del hambre. Por la pequeña que está casándose con un hombre cincuenta años mayor que ella, justo a esta hora. La que está siendo cambiada por su padre por dos camellos. Por la que está recogiendo a su hijo en la mitad de calle, con el pecho lleno de balas, sin importarle si morirá ella también en ese intento. Por la que ha sido devuelta a su familia, con el rostro cortado porque no le gustó del todo al marido. Por la viuda que cría tres cabras para vender leche y comprar el cuaderno  que su hija necesita para ir a la escuela. Por la que  está siendo abusada por un marido borracho, después de ser insultada y golpeada. Por la niña secuestrada en un aeropuerto, para ser drogada y vendida como prostituta. Por aquella  que acaba de enterarse que su hijo de seis años tiene cáncer. Por todos es...