Jorge Cáceres Poeta Chileno

lunes, 17 de diciembre de 2012

Marcela Muñoz Molina (Chile)



La tierra también es redonda en Aarhus



“Cada ciudad tiene su torre,
para empinarse
y está sola”

Carmen Ábalos



Ninguna torre es más alta que el faro que guía a los barcos en Aarhus. Pintado de brillantes colores, es tan imponente que nadie lo ve. Ellos ven lo que está en la vitrina más próxima, en las pantallas de líquido neón,  pero nadie se arriesga a sentir el vértigo de subir la mirada. Quienes han tenido la suerte de tomar distancia, saben donde nace y muere la luz del faro de Aarhus. A doce mil quinientos  kilómetros de distancia es  fácil ubicarlo en el mapa. Los navegantes perdidos en el Cabo de Hornos saben, que cuando el viento ha enloquecido  los relojes,  deben mirar  hacia los cielos del norte buscar en la altura ese latido de luz naranja que gira sobre las nubes. Desde la curva sur del mundo, unas pupilas desconocidas cuelgan de esa llama que arde día y noche. El fuego obliga a los marineros a parchar las velas en medio de la tormenta y mantener las manos firmes en el timón. Un viento de ciento cincuenta kilómetros por hora  susurra en sus oídos “déjame llevarte”. Y las calaveras de todas las banderas  libran su propia batalla. Es la lucha de la vida y la muerte. Las velas  intentan resistir las navajas del viento. La suma de dos océanos embravecidos, abren sus fauces para dejar en claro su poder. Es la lucha del macho y la hembra. El mar tratando de engullir  la nave. El viento tratando de desestabilizar la nave. El  hielo tratando de colisionar con la nave. Y la nave se aferra  a su forma de útero. A su forma de caparazón gigante e invertida, recipiente que cobija a diminutos hombres que se arriesgan a cruzar mares amenazantes,  haciendo uso del derecho a medirse con las fuerzas que el instinto llama. Y ella los protege. Un sólo golpe de esas fuerzas feroces, bastaría para que  su fondo se llenará de agua. Pero resiste sin sacar la vista del alto faro de Scandinavia. Se niega a dormir allá abajo, entre huesos de otras naves que perdieron la luz en medio de la batalla. Ella sabe que la tormenta habrá de ceder en algún minuto, los marineros deberán reponerse. Las velas descansarán orgullosas de sus fisuras. El útero de madera se balanceará levemente. El viento se convertirá en brisa y la brisa en arrullo. El hielo se alejará en busca de otras naves. El mar deberá recuperar fuerzas y bendecir el valor de sus  oponentes. Ella surcará otros mares, más amables que el Cabo de Hornos. Llegará un día al puerto donde se posa el  faro de color y fuego. Al acercarse,  se dará cuenta  que la ciudad lo tiene a él, para empinarse. Y descubrirá asombrada que la tierra también es redonda en Aarhus.










domingo, 2 de diciembre de 2012

Pier Paolo Pasolini (Italia,1922)




Al PRÍNCIPE

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.


A ALGUNOS RADICALES

El espíritu, la dignidad mundana, 
el arribismo inteligente, la elegancia, 
el traje a la inglesa y el chiste francés, 
el juicio tanto más duro cuanto más liberal, 
la sustitución de la razón por la piedad, 
la vida como apuesta para perder como señores, 
os han impedido saber quiénes sois: 
conciencias siervas de la norma y del capital.



ANÁLISIS TARDÍO

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre
            y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.