Jorge Cáceres Poeta Chileno

viernes, 27 de abril de 2012

Seis consejos a jóvenes escritores. Hugo Vera Miranda (Chile)



Si tienes el irremediable impulso por la escritura. Si sientes que en eso se te va la vida.

Si todo el puto día recomienzas con el Word en blanco y te apellidas Hemingway, Carver o Auster. Abandona. Te puedes dedicar al surf, al bowling o a vivir de los derechos de autor de tu padre. El surf es importante. El bowling es importante. Los derechos de autor de tu padre son muy importantes.


Si tienes una tía llamada Samanta y no consigues hilvanar un verso de nada. Si la tía está como para darle y hacerla pedazos. Si se te presenta cimbreante, cautivante y decadente, te la follas y te dejas de tonterías con tus poemas cimbreantes, cautivantes y decadentes. Ten presente que siempre es más importante un coño que tus poemas.
Si has abandonado todo por la Literatura. El quinto año de Derecho. La casa de tus padres. La beca Fulbright por tu potencial de liderazgo. El amor de la chica más linda del lugar, entonces eres un soberano pelotudo y nunca llegarás a nada con la literatura. Ni en esta vida ni en la otra.

Quieres innovar y ser reconocido. Por lo tanto escribes una novela en donde hay 120.674.876 personajes que entran y salen diciendo ¡Hola! Creyendo que aquello te llevará directamente al Nobel. Entonces deberías rever tu postura. Posiblemente necesitas la ayuda de un especialista. Un especialista que te aplique un electroshock y algo más. La Literatura no es lo tuyo. Cálmate. Todo va a ir bien. Ya todo pasará. Ya verás. Solo un ladrillo en la pared.

Escribes las diferencias y similitudes entre Dostoievski y tú. Luego lo publicas en Facebook y Twitter. Nadie responde. Solo tu madre que te dice yo también te quiero. Será necesario entonces que recapacites. Tu trabajo en la oficina del ministerio o pasar como loco de atar. Pero como eres obtuso igualmente publicas 100 maneras de ganar la Lotería y la ludopatía desesperada de Dostoievski. Esos títulos largos colombianos tan bonitos. Vuelve al ministerio y no salgas de allí nunca más en tu vida. Escribe 100 veces No debo escribir nunca más. Luego 100 veces más. Y así.

Abriste un blog y comenzaste contando la historia de tu vida. Tu familia. Tus vacaciones. Tu perro. Todo el proceso del embarazo de tu mujer. Tu primer hijo. Las vacaciones en tal lugar. Luego derivaste a un relato corto en donde escribías sobre las dificultades que tuviste en tal restaurante. Luego quieres publicar un libro sobre aquello. No lo hagas, de seguro que será un bodrio. El que ganará será el editor por un libro escrito por el autor. Sigue con tu vida. El embarazo de tu mujer, tus vacaciones y tu perro. Mantente lejos de una máquina de escribir. Dedícate a regar tu jardín. 



                                                           

jueves, 19 de abril de 2012

Marcela Muñoz Molina (Chile, 1966)



El DON DE LA VELOCIDAD


Yo te amaba desde que éramos niños. Había jugado contigo saltando los viejos maderos del muelle de ese lugar donde no existía el mar. Y jugábamos a hacer carreras con el tren que una vez al día cruzaba nuestra infancia. Algunas veces le ganamos. Bueno, tú le ganabas en realidad, yo siempre llegaba segunda. En esos tiempos, pensaba que la velocidad la tenías en la cabeza y no en las piernas.  Que un rayo te golpeó en una tormenta y te había regalado el don. El don de la velocidad. Otras veces, me mirabas fijo. Yo decía sólo una o dos palabras que eran como llaves y tus ojos se volvían de agua. Los limpiabas antes que se desbordaran. Yo arreglaba el cabello que caía sobre tu frente para evitar que cayeras tú también. Eso hacen los buenos amigos. Evitan las caídas y te levantan cuando caes. Le quitan gravedad al asunto, aunque el asunto sea la muerte. Te distraen para que la inocencia no te abandone. Te hacen mirar por la ventana por donde sale el sol. Y te dicen la verdad, cuando la verdad es inminente, para que no te pierdas en el camino de vuelta, porque a  nadie le gusta quedarse jugando solo. Tu otra mirada, pasaba sobre mi hombro izquierdo. Era una mirada que buscaba, nunca supe qué. Indagaba entre la gente, en el horizonte. Olfateabas el aire. Quizás buscabas la puerta de la jaula. Tenías esa obsesión silenciosa por hallar una salida. Si me hubieras preguntado, te habría dicho donde estaba, sabía incluso donde estaba la llave, pero pensé que te gustaba jugar a buscar. O tal vez no quería perderte cuando las golondrinas pasaran sobre nuestras cabezas y tú quisieras irte con ellas. Nada sirvió y nada te detuvo. Un día me encontré jugando sola, justo el día que cumplimos 13 años. Después estuve mucho tiempo más, sola. En esos años, no era fácil que los niños lejanos y azules aceptaran  tener amigas imaginarias.  





viernes, 13 de abril de 2012

Por la mujer que a esta hora. Marcela Muñoz Molina (Chile)


POR LA MUJER QUE A ESTA HORA


Por la mujer que a esta hora en Somalia entierra a su hijo en un oscuro agujero en la tierra. Por la que no deja de revolver las piedras en la olla para que su hija se duerma y se olvide del hambre. Por la pequeña que está casándose con un hombre cincuenta años mayor que ella, justo a esta hora. La que está siendo cambiada por su padre por dos camellos. Por la que está recogiendo a su hijo en la mitad de calle, con el pecho lleno de balas, sin importarle si morirá ella también en ese intento. Por la que ha sido devuelta a su familia, con el rostro cortado porque no le gustó del todo al marido. Por la viuda que cría tres cabras para vender leche y comprar el cuaderno  que su hija necesita para ir a la escuela. Por la que  está siendo abusada por un marido borracho, después de ser insultada y golpeada. Por la niña secuestrada en un aeropuerto, para ser drogada y vendida como prostituta. Por aquella  que acaba de enterarse que su hijo de seis años tiene cáncer. Por todos esos dolores que desconozco de mujeres que nunca he visto, pero que son mis hermanas, esta noche no lloraré por la leche derramada. Esta noche conspiraré para lograr el fin  de todos los sufrimientos.