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Mostrando entradas de enero, 2012

Alvaro Ruiz: Poesía, bares y santidad. (Chile, 1953)

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He visto morir de cirrosis a grandes poetas y escritores. Se empinaban sendas cañas antes del mediodía y miraban en los vidrios catedrales de las puertas batientes de los bares sombras de personas que murieron, fantasmas que atravesaban con los pies en puntillas la distancia que existe entre el inframundo y la realidad. De inútiles furores e inmensas alegrías estos poetas pasaban a un estado de profunda tristeza metafísica, donde los signos leídos en la borra de los vasos advertía de adversidades y desamores aún mayores, de inminentes días ahítos de dolor, locura y miseria. La lista beoda en Chile es larga, larguísima. Son los santos de la poesía. Todos tenían una aureola violácea, el más profundo, el más elevado de los colores, la aureola, la circunferencia del vino tinto. 
El notabilísimo escritor inglés Malcolm Lowry, arcángel y parroquiano frecuente de cantinas y tugurios durante su residencia y escritura de Bajo el Volcán en México, muchas veces tambaleante de borracho al amanecer,…

Marcela Muñoz Molina (Chile, 1966)

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BAJANDO DEL ROTUNDO

Voy bajando del Rotundo. Voy cansada. Las espinas me han herido las piernas, los brazos, las mejillas. Tropecé ayer, no alcancé a sostenerme en pie y mis manos tampoco me sostuvieron. Comenzó a llover y yo sin capa de agua. Calzando unos zapatos tan livianos. Tan descubierta. Llevo dos fotografías tomadas en la cumbre. Sé lo que hay arriba, sé como se ve desde allí. Las águilas me escudriñaron con su ojo amarillo casi todo el tiempo. Los cóndores son aves prehistóricas. De muchas plantas que vi, no hay registro. Les puse nombre de acuerdo a lo que me recordaban. Viven allí "El ocaso del miedo", la "Madre siempre viva", el "Fantasma de la laguna", el "Hermano perdido". Una de ellas es venenosa. Muy venenosa. Las otras sanan algunos males. Pero en pequeñas dosis. Todo en grandes cantidades es venenoso. Cuando el terreno se vuelve empinado bajo más rápido, mis piernas parecen llevarme, pierdo el control. En la cima d…