Jorge Cáceres Poeta Chileno

jueves, 30 de septiembre de 2010

Poesía Visual (Joan Brossa 1919-1998)

    Elegía al Ché


Piano

Joan Brossa 
                                                            

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Jorge Tellier (Chile, 1935)


LA LLAVE


Dale la llave al otoño.
Háblale del río mudo en cuyo fondo
yace la sombra de los puentes de madera
desaparecidos hace muchos años.

No me has contado ninguno de tus secretos.
Pero tu mano es la llave que abre la puerta
del molino en ruinas donde duerme mi vida
entre polvo y más polvo,
y espectros de inviernos,
y los jinetes enlutados del viento
que huyen tras robar campanas
en las pobres aldeas.
Pero mis días serán nubes
para viajar por la primavera de tu cielo.

Saldremos en silencio,
sin despertar al tiempo.

Te diré que podremos ser felices.


CUANDO TODOS SE VAYAN


Cuando todos se vayan a otros planetas 
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.



HOY SOY MIEMBRO DEL CLUB DE LOS CORAZONES SOLITARIOS

Hoy soy un miembro del Club de los Corazones solitarios.
En la clínica espero, aburrido, el desayuno,
Mientras mi compañero de mesa mira el muro recién blanqueado
y comenta, riendo, una película de gangsters.

Nunca te envié ni siquiera una postal, y no sé por qué me acuerdo de ti.
Debes estarle dando desayuno a tus hijos
¿Cuántos son? ¿Se parece alguno a mí?
Debes haberte casado con un profesor primario o un jefe de Correos.

Vas a la huerta y hablas con tu madre
sobre tu padre y tus amigos muertos
que hoy deben estar en el cielo jugando brisca rematada,
tras dejar como herencia casas a medio morir saltando.

Yo, antes de ir al Liceo, te hablaría bien del peor alumno del curso
y del partido de fútbol que ayer ganó el "Aguilas del Barrio Norte"
Yo no sabía que iba a viajar bajo tantos cielos agonizantes,
y que en ningún país hallaría a alguien que compartiera el silencio.

Yo no sabía que iba a cumplir cincuenta años sin nadie
y por eso te veo mientras espero el desayuno.
Sonreías en el puente cuando te decía que no moriríamos en Nápoles
y que en el Sena te obligaría a subir a un bateau-mouche.

Tú vuelves a hacer hablar a la cocina a leña
y tus días pasan como si no pasaran:
Son el tropel de bueyes que tu hermano lleva a la Feria
y yo sigo escribiendo versos tontos que debería echar al fuego.

Hoy soy un miembro del Club de los Corazones Solitarios.




De El molino y la higuera, 1993 
También en: Los dominios perdidos, 1992
.




martes, 28 de septiembre de 2010

Tres Microcuentos Chilenos

NOCHEBUENA por Jorge Montealegre
De par en par las puertas
El empleado se para y recibe a sus parientes
Tras ellos aparece una señora
La parentela se reparte saludos y brinda
La señora separa una silla y toma asiento
Y feliz navidad y feliz año nuevo
Parcamente la señora recibe un abrazo y otro
Luego se para y se aparta y sigue esperando
que la atienda alguien
en esa funeraria.

EN NOMBRE DEL PUEBLO
 por Antonio Montero Abt
El patriarca ordenó:
¡Que los fusilen a todos en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a los hombres.
Entonces las mujeres gritaron:
-¡Eran nuestros hombres y nuestros hijos ésos que fusilaste!
Y el patriarca ordenó:
-¡Qué las fusilen a todas en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a las mujeres.
El pueblo entero gritó entonces:
¡Eran nuestras madres y nuestras mujeresy nuestras hemanas
y nuestras hijas ésas que fusilaste!
El patriarca ordenó:
-¡Que fusilen al pueblo en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron al pueblo. Pero como los soldados
también eran pueblo se fusilaron entre ellos.
Entonces el patriarca se retiró a escribir sus memorias a la
solitaria e inexpugnable fortaleza. pero también contrató los
servicios de un extranjero erudito y muy famoso para que
narrara la epopeya del pueblo. En nombre del pueblo.



CALIDAD Y CANTIDAD por Alejandro Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba,
cuando su amada era más larga.




lunes, 27 de septiembre de 2010

Jorge Cáceres (Chile, 1923)


POEMA



La silueta del campo bajo la helada como un abanico
que despliega a la deriva
Y en el horizonte no hay nada más que unos ojos de
cohetes en el instante de partir
Nada más que la noche magnética y el torrente con
garras de castor
Pero a través de esa luz pasan unos ojos de piedras
que ruedan
Y unos labios de manchas que no salen
Y aún en plena selva la cola que se abre como un
gesto de cristal quebrado
Abreviando la noche de diciembre con relámpagos de
topacio claro

La noche de rabo de paloma dorada
que ha caído para siempre bajo el hacha
como un viejo botón
por el desgaste del hilo.
Nada en el pozo sino el aire del sur y la varilla imantada
Y el cazador en el momento de apretar el gatillo
El paisaje desaparece
Nada en la costa sino el sol de mar que ha subido a
dejar la perla en el cenicero cerrado con llave
Pero la torre a lo lejos siente la primavera

Y de la chimenea aún salen esas señales de eclipse
Que atraviesan el campo en forma de seno
En forma de fuego.



LOS BESOS


Los besos entre las hojas
En recuerdo
De los pájaros que encantaban las estrellas en el filo
de sus alas
Por cada grito picoteaban los guijarros del sol
Los muros que les dan formas familiares
Y gestos que reflejan el clima de los labios
Sobre el camino de los últimos besos
O en el eco de las risas del mar.
Con cada una de las fuentes que se diluyen en las hojas
Con cada uno de los ojos de codicia
Con cada uno de los grandes desiertos abandonados
Solitario yo he compartido mi sed.
A la cabecera de los deltas
En los monasterios que penden de los árboles
Yo escojo las cartas del buen tiempo
Las únicas que han permanecido desnudas
En el fondo de las balanzas de armiño
En plena costa
A todo aire
A toda tempestad
Cuando escucho batir los primeros árboles de coral
bajo la piel que yo sé apresar.